¿Alguna vez te has metido al mar y ha venido una ola de esas que te dan un buen revolcón? Sabes lo que hablo, esas olas que te quitan hasta el bañador, que cuando logras ponerte de pie tienes arena en todas las partes de tu cuerpo y la nariz llena de sal.

Pues a veces, las emociones se viven un poco así. ¿No te ha pasado alguna vez que ha aparecido una emoción o cúmulo de emociones que cuando te quieres dar cuenta te ha arrastrado hacia cualquier lugar sin tú ser consciente? Las emociones tienen ese poder, son capaces de elevarnos hasta lo más alto y hacernos bajar hasta lo más hondo, haciéndonos sentir que nos ahogamos.

El mayor problema es que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que es un mar, con las características de un mar. Quiero decir, nos han enseñado que necesitamos aprender a tener al mar en calma, es como si nos metiéramos dentro del mar pensando que así podemos controlar las olas, como si pudiéramos elegir las olas que hay en nuestro mar, como si gritándole a las olas: “tú no tienes que estar aquí, eres demasiado grande”, fueran a marcharse. Es como si tuviéramos la responsabilidad sobre ese mar, y si tiene olas es que algo estamos haciendo mal. ¿Qué absurdo suena si equiparamos las emociones con olas, no?

¿Y si te dijera que las emociones son como las olas del mar? Piensa en todas las implicaciones que tiene eso, y sobre todo la gran mentira que te han hecho creer: no podemos controlar las emociones como no podemos controlar las olas del mar. ¿Qué paradójico, no? Llevamos toda la vida pensando que el gran problema es que no podemos “controlar” nuestras emociones, y resulta que igual ese es el problema, que queremos controlar algo incontrolable.

Igual lo que pasa con las emociones es como si al ver las olas, nos metiéramos al mar intentando ejercer control sobre esas olas, y no nos damos cuenta de que quizá podemos salir del mar, sentarnos en el paseo marítimo y simplemente observar las olas y dejar que sean como son. Puede que haya olas que nos asusten porque son demasiado grandes, puede haber días de bandera roja en los que el mar nos intranquiliza más, pero no nos arrastrarán como si estuviéramos dentro del mar.

Y tú, ¿qué prefieres? ¿seguir a merced de la marea o poder observar las olas desde el paseo marítimo?

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2 Comments

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    Sin duda, elijo observar y aceptar que no puedo controlarlo pero siendo consciente de que hay herramientas para sobrellevarlas y entenderlas. Entender lo que nos pasa y como nos sentimos es clave para poder llegar a esa plenitud de “observar desde el paseo marítimo”
    Como paciente, te doy gracias por todo lo que me has enseñado y por estos textos con los que sigo aprendiendo.

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