“Qué pereza escribir este post” pensaba antes de sentarme a escribirlo. La pereza, según la RAE es: “Negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados”. Bueno, creo que todas tenemos en nuestra mente una idea sobre qué es la “pereza”. Por si no lo habías pensado nunca, la pereza es una emoción, una emoción más como la alegría, la tristeza, el enfado… es la emoción que nos invita a abandonar tareas que nos resultan aburridas, tediosas o imponentes.

Muchas veces, la pereza se convierte en un monstruo al que sucumbimos una y otra vez, alimentándola y haciéndola cada vez más grande. Digamos que la pereza funciona así: llega el momento de enfrentarme una tarea que me supone un esfuerzo, aparece la pereza acompañada de pensamientos del tipo “qué pereza” “no tengo ganas” “no me apetece”, y en ese momento en el que la pereza me invita a ver todo lo negativo y desagradable de la tarea, tomo la decisión de no enfrentarme a ella, lo que a corto plazo supone un alivio de ese malestar, pero a medio plazo probablemente provoque culpa, la famosa procrastinación, etc, etc. Y, además, la pereza cada vez se irá haciendo más más y más grande, haciéndote cada vez más complicado enfrentarla.

¿Ir al trabajo no te da pereza? Pues bien que vas, Manoli, lo que pasa que ahí tienes muy presentes las consecuencias positivas de ir y las negativas de no ir. Pues eso pasa, que dejamos de ver las consecuencias positivas cuando tenemos pereza. ¿La solución? Identifica qué es lo importante de la tarea, qué cosas buenas va a traer, para qué sirve… y prográmala, porque si no, no la vas a hacer.

Pareciera que hay una regla no escrita: SI TE DA PEREZA, NO LO HAGAS. Te la cambio: ¿por qué te da pereza? ¿qué es lo importante de la tarea? SI LA TAREA ES IMPORTANTE, AUNQUE TE DÉ PEREZA, HAZLA.

La verdad es que la pereza y yo no nos llevamos bien, mis pacientes lo saben, le tengo un poco declarada la guerra, pero no voy a negar que puede resultar útil en algunos casos. En verdad, no estoy en contra de la pereza, sino de las emociones que se disfrazan de pereza. Me explico, la pereza es una emoción que genera un impulso a abandonar o procrastinar tareas, sin cuestionarnos siquiera el motivo por el que las abandonamos, simplemente suponen un esfuerzo que no queremos afrontar y no las realizamos. De este modo, basta con un “es que me da pereza” o “es que no me apetece” para abandonar cualquier tarea, por mucho que seamos conscientes de que nos haría bien. No tiene muy buena carta de presentación.

Es por ello que, el simple hecho de sentir pereza provoca que las personas no se cuestionen si hay otra emoción que está impidiendo que se enfrenten a la tarea. ¿Cuántas veces he escuchado en terapia: “no me apetece quedar con mis amigos porque me da pereza”? Vamos a ver Angelines, si has tenido un problema con tus amigos, a lo mejor, lo que tienes es MIEDO de enfrentarte a una situación incómoda, o te has sentido DECEPCIONADA con ellos, o estás ENFADADA y les estás castigando, no sé. En mi experiencia profesional, pocas de las cosas que decimos que nos dan pereza, nos producen única y exclusivamente pereza. Pero claro, si siento pereza, ya no me tengo que hacer cargo, qué cómodo. La pereza proporciona un análisis muy simplista y superficial, a mi parecer, ante la situación.

Así que deja de alimentar el monstruo de la pereza, y, sobre todo, pregúntate ¿es realmente sólo “pereza” o también me da miedo (u otras emociones)?

(Visited 16 times, 1 visits today)

Leave A Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *